No llamen a Jódar especialista en tierra: puede dar la sorpresa en Wimbledon

A los diecinueve años Rafael Jódar ya es el tercer español del ranking, número 23, y ha construido toda su escalada sobre tierra: 19 victorias y 4 derrotas en el polvo de ladrillo en 2026, un título en Marrakech, los cuartos en Madrid, Roma y Roland Garros en su debut en los Grand Slam. La pregunta no es si es bueno. Es cuánto de su juego sigue siendo utilizable cuando la pelota deja de subir. La respuesta corta: más de lo que la etiqueta de "terrícola" deja pensar, pero no todo, y no de inmediato.
Qué de su tenis se traduce sobre hierba
El arma que mejor atraviesa las superficies es el revés a dos manos. Jódar lo golpea plano y profundo hacia ambos ángulos, con una trayectoria que recuerda más a Jannik Sinner que a la escuela española de la que proviene. Un revés tenso premia sobre hierba, donde el bote bajo castiga a quien se ve obligado a construir desde abajo: él ya toma el revés a la altura de la cadera, así que el bote rasante lo ayuda en vez de complicarlo.
El segundo elemento trasladable es el saque. Tiene dos bolas distintas, la bomba plana y el kick alto, y un segundo saque que aguanta bien como plataforma para el primer golpe. Sobre hierba el primer saque vale doble, y un jugador de 1,91 m con un primer saque plano parte con ventaja para mantener cortos sus turnos de servicio.
Hay además un rasgo menos citado: Jódar no se queda clavado al fondo. Construye empujando al rival hacia atrás y cierra en la red, a menudo con una volea stop. Es un instinto de pista rápida, no de maratoniano de tierra, y en su debut en Wimbledon contra Felix Gill (6-3, 6-3, 7-5) se vio: turnos de servicio despachados, intercambios acortados por iniciativa propia.
Qué corre el riesgo de no viajar
El interrogante es la derecha. Es su golpe más cargado, con una rotación media en torno a las 3128 revoluciones, entre los valores de topspin más altos del circuito, en compañía de gente como Arthur Fils. Sobre tierra ese topspin excava y empuja al rival un metro. Sobre hierba el bote no lo devuelve: la pelota se queda baja, el efecto se pierde, y el margen sobre la red que la rotación le regala en tierra aquí se convierte en riesgo de golpear plano y fallar. Su derecha de intercambio ya es más tensa que la de un Nadal, y contra un bote que no sube tendrá que aplanarla aún más, es decir jugar el golpe con menos red de seguridad.
La otra incógnita es la posición de resto y el desplazamiento lateral. Sobre tierra Jódar responde desde lejos y recupera con deslizamientos; sobre hierba ese metro de más detrás de la línea, contra los primeros saques planos, se paga. Lo admitió él mismo tras Gill: si cedes un turno de servicio, recuperarlo es difícil. Es la frase de quien ha entendido que aquí el margen de error al saque del rival es mínimo.
El cuadro, en breve
El sorteo no le ayuda a medirse con calma. Jódar ha caído en el octavo de Sinner, proyectado como rival en la cuarta ronda si ambos avanzan: el mismo perfil de juego que él imita, pero maduro y sobre una superficie que a Sinner le sienta mejor que a él. Antes está de nuevo Pablo Carreño Busta, ya batido en París remontando dos sets en contra, esta vez en una pista que premia la experiencia del español más que el físico del chico.
La previsión
Sobre hierba, esta temporada, Jódar todavía no es un jugador de segunda semana: el favorito claro de su sector sigue siendo Sinner, y la expectativa razonable para el chico es una tercera ronda, con la cuarta como techo si el cuadro se abre. Su tenis tiene los cimientos adecuados para la hierba, revés plano, saque, instinto de cerrar en la red, pero le falta kilometraje sobre la superficie y una derecha ya adaptada al bote bajo. La condición que podría desmentir esta lectura es simple: si su porcentaje de primeros saques se mantiene alto y los turnos de servicio cortos, contra Carreño Busta puede pasar y regalarse el examen con Sinner. Si el primer saque baja del 60%, incluso un talento así paga enseguida el precio de quien sobre hierba ha jugado diez partidos en su carrera.


