Tiafoe vs. Shelton: la semifinal americana se decide en el revés del zurdo

Ben Shelton llega a la semifinal del viernes por la noche contra Frances Tiafoe con una ventaja técnica precisa. En el Arthur Ashe se espera una sesión nocturna seca, aire poco húmedo tras las tormentas de la primera semana. Son las condiciones en las que la pelota vuela, y Shelton es el jugador que queda en el cuadro que más se beneficia de ellas. En cuartos contra Carlos Alcaraz, ganados 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6, 7-6 en cuatro horas y veintiocho minutos, cerró con un ace a 235 km/h. La pregunta del viernes es cuántos puntos podrá abrir Tiafoe.
El primer servicio contra la posición de resto
Contra Alcaraz, Shelton sostuvo el servicio con un gasto mínimo, resolviendo los juegos de saque en dos o tres golpes durante casi todo el partido. El patrón es el de siempre: el slider zurdo al lado de ventaja que abre la cancha, después la derecha en el ángulo corto. Tiafoe resta desde varios metros por detrás de la línea y tiene reflejos para devolver incluso los primeros servicios más pesados, pero desde ahí la devolución vuelve corta, y es la pelota con la que Shelton entra a la cancha.
El otro lado del problema es el servicio de Tiafoe. En cuartos contra Alex Michelsen se mantuvo por debajo del 40% de primeros durante tres sets enteros, y se salvó anulando puntos de break una y otra vez más que sirviendo bien. Contra Michelsen ese porcentaje le costó dos sets y poco más. Contra un restador que ataca el segundo servicio y sube de inmediato a la cancha, cuesta el partido. Si Tiafoe saca el viernes como sacó el martes, no hay plan táctico que resista.
El revés del zurdo, y quién llega antes a la pelota corta
El objetivo es el revés de Shelton. Andy Roddick ya lo había señalado en abril, cuando el estadounidense pasó a la tierra: ahí el servicio deja de regalarle puntos gratis, el rival tiene más tiempo para encontrar los espacios, y Shelton se ve obligado a redirigir pelotas en las que no logra abrir el brazo. En el cemento rápido de Nueva York el agujero se nota menos porque el servicio lo tapa, pero en el intercambio prolongado sigue siendo el mismo agujero. Y hay un detalle que añadimos nosotros al análisis de Roddick: el revés cortado de Shelton sale corto e invita al rival a entrar a la cancha.
Tiafoe tiene las herramientas para explotarlo. Su revés cortado es bajo y profundo, juega ángulos cerrados que obligan al zurdo a correr de revés, y en la red tiene manos que pocos en el cuadro pueden igualar. Es el jugador que debe quedarse con la primera pelota corta disponible en lugar de esperar el error, porque en el intercambio largo y neutro Shelton pesa más.
Gana quien llega primero a esa pelota. Shelton llega con el servicio, Tiafoe construyendo el punto.
La recuperación, la variable que nadie controla
Los dos cuartos de final se jugaron el mismo martes, pero en dos mundos distintos. Tiafoe terminó horas antes, en cuatro horas y treinta y ocho minutos, remontando desde dos sets abajo y 0-3 en el quinto. Shelton entró a la cancha para la sesión nocturna y cerró a las 3:33 de la madrugada, el partido que terminó más tarde en la historia del torneo. De ahí al viernes por la noche hay unos tres días para Tiafoe y dos y medio para Shelton, con una noche de por medio que reconstruir. No es la diferencia que decide una semifinal, pero en el quinto set pesa, y los veintiocho años de Tiafoe no se recuperan como los veintitrés de Shelton.
Shelton sale favorito, por poco. Lidera el historial 3-1 (se repartieron los dos duelos en Nueva York, él en cuatro sets en 2023, Tiafoe en 2024), sostiene el servicio con menos desgaste, y el aire seco del viernes por la noche juega a su favor. El desmentido es numérico: si baja del 60% de primeros servicios en juego, su revés queda demasiado expuesto en el intercambio y el mejor plan pasa a ser el de Tiafoe, que acaba de demostrar que sabe ganar un partido de este nivel sacando mal. Por encima del 65%, la semifinal se cierra en tres sets. Quien pase jugará el domingo por el primer título de Grand Slam masculino estadounidense desde los tiempos de Roddick, US Open 2003.


