¿Ya tenemos el partido del año?

Carlos Alcaraz venció a Alexander Zverev 6-4, 7-6(5), 6-7(2), 6-7(4), 7-5 en 5 horas de batalla. El número uno del mundo está en la final del Australian Open por primera vez en su carrera, a dos pasos de completar el Career Grand Slam con solo 22 años.
Pero el marcador solo cuenta una parte de la historia.
Con 5-4 en el cuarto set, sirviendo para cerrar, Alcaraz se detuvo. Problema en el aductor, quizás calambres. Tiempo médico. Zverev no estaba contento con la interrupción, y durante unos minutos la tensión entre ellos superó la del propio partido.
Luego Carlitos perdió el cuarto set en el tiebreak. Y el alemán se encontró por delante, con el momentum y un rival que cojeaba visiblemente.
Hay que decirlo: Zverev jugó el mejor partido de su temporada, quizás del último año y medio. Agresivo, presente en los momentos clave, capaz de variar y de aguantar intercambios durísimos. Hacía tiempo que no lo veíamos así.
Lo que pasó en el quinto set es difícil de explicar con palabras. Alcaraz dejó de parecer lesionado y empezó a jugar como si no tuviera nada que perder. Break, contrabreak, puntos salvados al límite. Zverev tuvo sus oportunidades, pero no pudo cerrar. Una vez más.
La sensación que deja este partido es que estamos presenciando algo generacional. Alcaraz no solo ganó, demostró que puede sufrir, adaptarse y encontrar recursos cuando parecía acabado. Partidos así no se olvidan, aunque la final nos dirá cuánto valía realmente esta victoria.
En la final le espera el ganador de Sinner-Djokovic. El tenis masculino nunca ha estado tan vivo.


