Cuatro estadounidenses en cuartos no son 1995

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Cuatro estadounidenses en cuartos no son 1995

El dato que la ATP difundió desde Cincinnati es cierto: cuatro estadounidenses en cuartos de final, algo que no ocurría en Ohio desde 1995, cuando a esa ronda llegaron Andre Agassi, Pete Sampras, Michael Chang y Jim Courier. La comparación que salió de ahí, en cambio, está equivocada, y vale la pena explicar por qué.

En 1995 esos cuatro ya habían ganado al menos un Grand Slam cada uno, y tres de ellos habían sido número 1 del mundo. Taylor Fritz, Tommy Paul, Frances Tiafoe y Brandon Nakashima no han ganado ninguno. El número coincide, el contenido no.

El cuadro que atravesaron

Carlos Alcaraz no juega desde abril por un problema en la muñeca. Jannik Sinner renunció a Cincinnati por la rodilla derecha. Los dos primeros de la clasificación mundial no estaban en Ohio, y la cabeza de serie número 1 recayó en Alexander Zverev, a quien Paul venció anulando un punto de partido. Tiafoe eliminó a Felix Auger-Aliassime, número 2 del cuadro. Novak Djokovic cayó ante Thiago Agustín Tirante. Después de la cuarta ronda, Fritz era el jugador mejor clasificado que quedaba en el cuadro.

Un Masters 1000 sin los dos hombres que mandan en el circuito no mide lo mismo que medía Cincinnati hace treinta y un años, cuando Agassi y Sampras se intercambiaban el número 1 y ambos se presentaban en la salida. Cuatro cuartos de final en estas condiciones dicen cuánta profundidad tiene el tenis estadounidense. No dicen cuán cerca está de la cima.

Está también la aritmética del cuadro, que nadie quiso mirar. De los cuatro, uno ya estaba fuera antes de que los demás saltaran a la pista: Flavio Cobolli venció a Paul el jueves, 2-6 6-3 6-4, y se llevó su primera semifinal de Masters 1000. Dos de los tres restantes, Fritz y Nakashima, estaban emparejados entre sí. El registro histórico se disolvió en una tarde, por construcción del cuadro, no por demérito.

La profundidad, Estados Unidos ya la resolvió

Quien defiende la comparación tiene argumentos sólidos, y conviene tomarlos en serio en lugar de ignorarlos.

Ben Shelton es el primer estadounidense de la clasificación. En 2025 ganó Toronto, su primer Masters 1000, venciendo a Karen Khachanov en la final. En 2026 ya suma dos títulos ATP 500, Dallas y Monaco, y en Dallas anuló tres puntos de partido a Fritz. Fritz, a su vez, jugó la final del US Open 2024, primer estadounidense en una final de Grand Slam desde Roddick en Wimbledon 2009, y este año alcanzó sus terceros cuartos de final consecutivos en los Championships: en los últimos cuarenta años solo lo lograron otros tres estadounidenses, Sampras, Agassi y Roddick. En 2024 Estados Unidos llevó a cinco hombres al top 20, algo que no ocurría desde 1997.

Todo esto es real y no responde a la pregunta. El último estadounidense en ganar un Grand Slam sigue siendo Andy Roddick, US Open 2003. Veintidós años, en los que Estados Unidos ha producido una fila continua de jugadores top 20 y ninguno que volviera a ganar.

La profundidad no se suma. A unos cuartos de Grand Slam contra Sinner o Alcaraz no vas de a cuatro: va uno solo, y para llegar al título tiene que ganar tres partidos seguidos contra jugadores que llevan años ganando esos partidos. Cinco top 20 aumentan la probabilidad de que alguien llegue a la segunda semana. No aumentan en nada la probabilidad de que ese alguien resista cinco sets contra el mejor del mundo. Son dos problemas distintos, y Estados Unidos solo ha resuelto uno.

El propio Shelton lo demuestra de la manera más brutal. Mejor estadounidense de la clasificación, cabeza de serie número 4, y en Wimbledon 2026 cayó en primera ronda ante Otto Virtanen. La constancia en el ranking y el rendimiento en los grandes torneos son cosas separadas.

El US Open 2026 es una prueba, no una celebración

El cuadro principal de Nueva York arranca el 30 de agosto, dentro de nueve días. Sinner anunció hoy su baja: la rodilla derecha que ya lo había apartado de Cincinnati también lo aparta del Grand Slam americano. Alcaraz confirmó ayer que estará y que defiende el título, tras cuatro meses parado por la muñeca. El número 1 del mundo no estará; el campeón vigente regresa de una lesión larga, sin partidos en las piernas.

Esta es exactamente la condición en la que la profundidad debería convertirse en algo. Un cuadro así es lo que los estadounidenses piden desde hace veinte años sin conseguirlo. Tenerlo ahora, con esta generación al completo y el mejor estadounidense dentro del top diez, y no transformarlo en nada, cerraría el debate mejor que cualquier análisis.

1995 no es un precedente para celebrar. Es una vara de medir, y hay que usarla entera: ese grupo no llegaba a los cuartos de Cincinnati, ese grupo ganaba los Grand Slams. Cuatro cuartos de final en Ohio dicen que Estados Unidos vuelve a tener suficientes jugadores para llegar hasta ahí. El 13 de septiembre, en Flushing Meadows, sabremos si tiene uno para ir más allá.