El milagro de Edmondson

ApprofondimentoJan 29Racconti di Passione3 min
Último australiano en ganar el Australian Open – Mark Edmondson

¿Qué hace el número 212 del mundo en el Australian Open? Según el ranking, ni siquiera debería estar ahí. Sin embargo, dos semanas después, es el campeón del Slam de su casa.

En 1976, Edmondson no es ni un predestinado ni una promesa del tenis. Tiene 22 años, cero títulos importantes y un trabajo como obrero para pagarse viajes y torneos. El tenis, para él, no es una carrera estable, sino una apuesta diaria. Cada torneo es una oportunidad a aprovechar, cada partido una elección arriesgada: perder significa volver a casa, empezar de nuevo, seguir luchando entre entrenamientos y turnos de trabajo.

El Australian Open de entonces todavía no es el Slam global que conocemos hoy. La distancia geográfica y su posición justo al inicio de la temporada hacen que muchos jugadores decidan evitar un viaje tan costoso. A pesar de ello, en esa edición, algunos grandes nombres están presentes: Ken Rosewall, John Newcombe, Tony Roche.

A diferencia de las grandes estrellas esperadas en el cuadro, Edmondson llega sin estatus, sin expectativas, sin patrocinadores. Ninguna presión externa, pero sí la necesidad de sobrevivir en el torneo y continuar con su carrera.

Un outsider total
Ser el número 212 del mundo significa empezar con muy pocas probabilidades.
El cuadro te considera automáticamente un "jugador de clasificación": uno de esos destinados a caer en las primeras rondas contra los grandes nombres del circuito. Edmondson, sin embargo, tiene algo que el ranking no puede medir: resiliencia, capacidad de sufrir y de mantenerse en el intercambio.

Su juego es simple, casi primitivo. Ninguna variación sofisticada, ninguna construcción táctica compleja. La idea es una sola: golpear fuerte, mantenerse en el intercambio, no abandonar nunca el partido. No es una estrategia brillante, pero es la única que puede permitirse quien llega desde abajo y quiere intentar barajar las cartas. Y es exactamente lo que sucede: ronda tras ronda, mientras las cabezas de serie caen, Edmondson avanza sin hacer ruido.

Mark Edmondson en el Australian Open de 1976
Mark Edmondson - Australian Open 1976

El camino hacia la hazaña
Llegado a semifinales, Edmondson se enfrenta a Ken Rosewall, cabeza de serie número 1, quien sobre el papel debería haberlo eliminado del cuadro sin esfuerzo. Pero el torneo, como un mosaico caprichoso, parece querer escribir una historia diferente. Edmondson triunfa y llega a la final contra Newcombe.
Es un resultado que nadie podía prever. Una inversión de la lógica, una negación de las jerarquías.

La final está marcada por los cambios meteorológicos. Al inicio del partido hace muchísimo calor y lo único que puede hacer el australiano es resistir: pierde el primer set y gana el segundo. Pero entonces se levanta el viento y el juego se interrumpe durante media hora. Al reanudarse hace más frío y Edmondson controla mejor la pista: gana el tercer set y domina el cuarto, cerrando 6-7, 6-3, 7-6, 6-1.

En la ceremonia de premiación le tiemblan las manos, el trofeo se le resbala de los dedos. Nadie había conquistado un Major partiendo tan atrás en el ranking. Y nadie lo volverá a hacer.

En la premiación, sobrepasado por la emoción, Edmondson deja caer el trofeo.
En la premiación, sobrepasado por la emoción, Edmondson deja caer el trofeo. (by Vita Sportiva)

El legado de un día improbable
Edmondson no se convertirá en una leyenda dominante. No escalará en los rankings, no acumulará decenas de Slams. El sistema pronto volverá a funcionar como estaba previsto: los favoritos volverán a ganar, los top players a dominar. Pero queda este dato, imposible de borrar: Edmondson es el último australiano en ganar el Australian Open y lo hizo de la manera más improbable.

50 años después de la histórica victoria de Mark Edmondson, el último australiano en conquistar el título.
50 años después de la histórica victoria de Mark Edmondson, el último australiano en conquistar el título. (by TennisAustralia)