Paolini-Cirstea: el 3-0 en los precedentes es el número menos útil del cuadro

AnalisiSep 44 min
Jasmine Paolini venció a Sorana Cirstea tres veces de tres, la última en Dubái en 2024 (6-2, 7-6). Las casas de apuestas la dan igual como no favorita, 2,43 contra 1,55. El...

Jasmine Paolini venció a Sorana Cirstea tres veces de tres, la última en Dubái en 2024 (6-2, 7-6). Las casas de apuestas la dan igual como no favorita, 2,43 contra 1,55. El mercado no se equivoca: entre aquel Dubái y el tercer turno de hoy la rumana ha construido la mejor temporada de su carrera a los treinta y seis años, mientras que la única italiana que queda en el cuadro individual femenino llega a Flushing Meadows después de cincuenta y tres días sin un partido oficial. La variable que decide el partido es el primer apoyo de Paolini.

Cincuenta y tres días parada, y un juego que vive de piernas

Paolini no jugaba desde el 8 de julio, cuando Marta Kostyuk la eliminó en cuartos de Wimbledon. Se saltó toda la gira americana sobre cemento para curarse el pie izquierdo y entró en el cuadro con un balance de temporada de 15-13, cabeza de serie número 19, con Marc Lopez de vuelta en el equipo.

El problema técnico es específico. Con 163 centímetros, el tenis de Paolini funciona cuando llega pronto a la bola: toma la diagonal con antelación, le recorta los tiempos a la rival, convierte una posición defensiva en un golpe de mando en dos apoyos. Toda esta cadena parte de los pies, y los pies son lo primero que se pierde tras casi ocho semanas sin partidos.

El primer turno lo dejó claro. Contra Veronika Erjavec, número 106 y estancada en 0-5 en 2026, Paolini cedió el segundo set y cerró 6-3, 3-6, 6-4 en una hora y cuarenta y cinco minutos. Al micrófono, justo después: "Estaba nerviosa, tenía las piernas pesadas. Costó volver". El derbi con Lucrezia Stefanini (6-4, 6-1, una hora y diecisiete) fue más limpio, pero una clasificada no te mueve del centro de la pista.

Cirstea golpea en subida, la peor forma de atacar a Paolini

Cirstea es número 17 del mundo y llegó ahí el 13 de julio, la jugadora de más edad en entrar por primera vez entre las veinte primeras del ranking WTA, a los treinta y seis años y tres meses. En 2026 llegó a cuartos en Roland Garros, jugó toda la gira americana sobre cemento y conoce este torneo mejor de lo que dice su palmarés: en 2023, siendo número 30, llegó entre las ocho mejores pasando por Rybakina y Bencic.

Su repertorio está construido sobre una sola cosa: tomar la bola en subida y golpearla plana, en línea recta, para quitar tiempo. Contra Diane Parry en segunda ronda añadió el revés corto en diagonal para sacar a la rival de la pista, y cerró 6-2, 7-5 sin perder nunca el control del intercambio.

Ese repertorio contra Paolini pesa el doble. Una bola plana y profunda sobre cemento rápido sube alta al revés de la italiana y la empuja hacia atrás; a dos metros por detrás de la línea Paolini no tiene el brazo para recuperar la pista, tiene las piernas. Si las piernas no responden, el patrón se repite en cada quince.

Dónde Paolini todavía puede ganarlo

El resto. Contra Erjavec rompió el servicio siete veces, y cuando está en ritmo devuelve profundo al centro quitándole a quien saca el primer golpe de ataque. Es exactamente la bola que Cirstea no quiere ver: a los treinta y seis años su margen se reduce cuando tiene que construir el intercambio parada en vez de cerrarlo antes del tercer golpe. El segundo set contra Parry, con dos bolas de partido desperdiciadas en el 5-4, es el recordatorio de lo que pasa cuando la rumana tiene que jugar tres golpes más de lo previsto.

El otro detalle a favor de la italiana es el horario. Se juega en el Stadium 17 como primer partido del día, no en la sesión nocturna bajo los reflectores del Ashe: pista pequeña, bolas nuevas, menos tiempo para pensar.

Cirstea parte como favorita, y las cuotas la sitúan en el lugar correcto. La condición que da la vuelta al pronóstico se reconoce en los primeros cuatro juegos: si Paolini consigue jugar dentro de la línea de fondo y lleva el primer set al menos al 4-4, empieza a fallar primero la rumana, porque su margen en cada golpe es mínimo. Si en cambio se ve persiguiendo en la diagonal de derecha ya desde el tercer juego, el partido termina en una hora y veinte. Quien pase se enfrenta en octavos a la ganadora de Jessica Pegula y Leylah Fernandez, programado el mismo día. Para Paolini sería el segundo octavo en Nueva York después del de 2024, y llegaría con tres partidos en las piernas en vez de cero.