La alegría que no da puntos: Alcaraz en la Laver Cup

Desde hace dos años Carlos Alcaraz repite que el calendario es insostenible, que hay demasiados torneos y que los cuerpos de los jugadores pasan factura. En Nueva York, recién salido de cuatro meses y medio de parón, lo dijo más alto que nunca. Luego cedió una semana libre a un torneo que no reparte ni un solo punto ATP. Parece una incoherencia. Es, en realidad, el gesto de alguien que ha entendido algo sobre su oficio: el descanso y el placer curan dos enfermedades distintas.
Este fin de semana, en la O2 Arena de Londres, Alcaraz lidera al Team Europe con Yannick Noah en el banquillo y Alexander Zverev, número dos y campeón del US Open, al otro lado de su propio vestuario. En el ranking es tercero, con 26 victorias y 4 derrotas. Son números de temporada excelente que cuentan mal el peor año de su carrera.
Cuatro meses y medio sin pista
A principios de temporada Alcaraz había ganado el Australian Open venciendo a Djokovic en la final, convirtiéndose a los 22 años en el hombre más joven en completar el Career Grand Slam. En Doha había despachado a Arthur Fils en cincuenta minutos. En Monte-Carlo había llegado a la final y había perdido contra Sinner. Luego, a mediados de abril, una tenosinovitis en la muñeca derecha interrumpió la temporada ahí.
Se perdió Roland Garros, Queen's, Wimbledon, Montreal, Cincinnati. Cuatro meses y medio de tenis cancelados, justo en la parte del año en la que había construido todo lo que había llegado a ser.
La rehabilitación de una muñeca es un trabajo paciente y mudo. Ningún rival, ningún marcador, ninguna grada que te diga si vas bien. Hay un fisioterapeuta, hay ejercicios que se repiten idénticos durante semanas y hay una pregunta que queda abierta hasta el primer golpe de verdad. Una lesión así no se lleva solo los partidos. Se lleva el motivo por el que aceptas los entrenamientos.
Cuando volvió en Nueva York, Alcaraz ganó un partido en tres sets y lo definió como "un día difícil, para ser honesto, pero a la vez precioso". La frase dice más de lo que parece. La dificultad era la parte prevista. La belleza era la parte que había perdido por el camino y que no sabía si iba a recuperar.
El US Open terminó en cuartos contra Ben Shelton. En medio, el torneo de dobles mixtos jugado con Serena Williams, eliminado también en cuartos. Un regreso digno y nada más, para un jugador que en Nueva York era el campeón defensor.
Una semana que no cuenta
En la Laver Cup no hay puntos en juego. Es una exhibición rica, con tres días de formato por equipos, banquillos que gritan y capitanes legendarios. Alcaraz ha jugado dos ediciones con un balance de 3-1 en individuales, y sabe perfectamente qué está eligiendo hacer con la semana que podría haber pasado en el gimnasio.
"Es una semana en la que podría entrenar, podría descansar o hacer otra cosa, pero semanas como esta me ayudan mucho a devolver la alegría a la pista, a devolver la alegría de jugar al tenis. Y me ayudan para los torneos siguientes, cuando no hay eventos por equipos."
Es un diagnóstico. Alcaraz está diciendo que el tenis individual, jugado casi todo el año bajo la presión del ranking, consume algo que el descanso no reconstruye. La muñeca se repara estando quieto. Las ganas no.
El formato por equipos trabaja exactamente sobre ese punto.
"No estamos acostumbrados a jugar eventos por equipos, durante el año no tenemos ninguno",
recordó.
Y cuando le preguntaron si el líder del Team Europe era él, rechazó el papel. Viniendo de cualquier otro sería una gentileza de rueda de prensa. Viniendo de un número tres del mundo que durante cuatro meses fue el único responsable de su propia curación, se parece a un alivio.
La factura que queda por pagar
Aquí la historia podría cerrarse bien, y sin embargo queda un problema. La Laver Cup forma parte de la misma industria que Alcaraz denuncia desde hace dos años, desde que en Berlín, en 2024, tras una victoria en ese mismo torneo, dijo que tarde o temprano a los jugadores los iban a "matar de alguna manera". Una exhibición más no alivia nada. Si la cura para el cansancio es otro evento, el diagnóstico ha empeorado, no mejorado.
En Nueva York, tras su regreso, Alcaraz dijo que jugar todos los torneos es "imposible" y que de ahora en adelante se tomará pausas voluntarias. Es la parte difícil de su postura, porque cuesta dinero, puntos y torneos ganados. Las semanas en las que uno se divierte nunca son las que se recortan. Se recortan los 500 de final de temporada, las obligaciones, los Masters 1000 que valen para el ranking. Decir que quieres reducir es fácil en septiembre, con el año ya roto. Se comprueba en un febrero cualquiera, cuando el ranking llama y el cuerpo está bien.
La verdadera paradoja de su semana londinense es esta. El único tenis que le devuelve el placer de jugar es el tenis que no cuenta nada, y el tenis que cuenta es el que lo mandó cuatro meses y medio a la sala de fisioterapia. Alcaraz no ha resuelto la contradicción, se ha limitado a contarla con una sinceridad que pocos colegas se permiten.
En la O2 Arena se le espera en pista durante tres días sin nada que ganar que acabe en un palmarés. Si de verdad le sirven para volver a divertirse, vale la pena preguntarse por qué el resto del calendario ya no lo consigue.


