Paul es la primera prueba real de Alcaraz desde su regreso

Carlos Alcaraz y Tommy Paul se reencuentran hoy en los octavos de final del US Open, unos siete meses y medio después de Melbourne, con el mismo desequilibrio en los precedentes: 6-2 para el español, cinco victorias consecutivas. La variable que decide este octavo es el fondo físico, y corta en dos direcciones opuestas. Paul llega con 125 juegos disputados en tres rondas. Alcaraz ha jugado 89, y son casi todos los juegos que ha disputado desde mediados de abril. La vuelta, hasta ahora, no le ha pedido nada: tres partidos, diez sets, ninguno por encima de las dos horas y cuarenta. Paul es el primer rival que en Nueva York puede llevarlo más allá de ese umbral, como ya hizo en Melbourne, y es eso lo que convierte este octavo de final en la primera prueba real desde el parón.
La carga: 125 juegos contra 89, con el mismo día de descanso
Paul superó a Alexander Bublik 6-4, 3-6, 6-7(4), 6-1, 6-3, tras eliminar a Dino Prizmic en cuatro sets y poco más de tres horas en la ronda anterior. Trece sets en tres partidos. Alcaraz ha jugado diez, por un total de siete horas y veintiún minutos en pista, sin superar nunca las dos horas y cuarenta en un solo partido.
El descanso es idéntico: ambos jugaron el viernes y vuelven hoy a la pista. Lo que separa a los dos es el kilometraje acumulado, y solo se nota si el tercer set se alarga.
Un dato complica la lectura perezosa del cansancio. Paul cerró contra Bublik 6-1, 6-3, arrebatándole cuatro juegos de saque seguidos. Quien termina así un partido a cinco sets no llega hecho pedazos a la siguiente ronda.
La incógnita opuesta: Alcaraz no juega un partido largo desde abril
Alcaraz ha vuelto a Nueva York tras una tenosinovitis en la muñeca derecha que lo mantuvo fuera más de cuatro meses, con las bajas de Madrid, Roma, Roland Garros, Queen's, Wimbledon, Toronto y Cincinnati. Tres partidos ganados, racha de 17 victorias consecutivas en Grand Slams, ningún partido por encima de las dos horas y cuarenta.
Contra Wu Yibing ganó 6-3, 6-4, 6-1, con la mayoría de sus errores no forzados concentrados en el lado de la derecha. Es el golpe que más carga la muñeca derecha y es el golpe que más errores le está costando. En tres sets la cuenta no pesa, porque el partido nunca llega al momento en que ese margen hace falta. En cuatro sets, contra un jugador que devuelve todo y alarga los intercambios, pesa.
Melbourne, enero: donde Paul pierde estos partidos
En los octavos de final del Abierto de Australia 2026 Paul perdió 7-6(6), 6-4, 7-5 en unas dos horas y cuarenta y cinco minutos. Jugó tres parciales en los que se mantuvo dentro hasta el último juego y no ganó ninguno.
El patrón se repite desde hace cinco partidos. Paul entra en el intercambio, mantiene el nivel, y cede los dos o tres puntos que deciden el set. Su problema contra Alcaraz no es el plan de juego, es la conversión en los juegos decisivos.
Ni siquiera ganar un set basta por sí solo. En Wimbledon 2024 Paul se llevó el primero 7-5 y luego perdió los tres siguientes 6-4, 6-2, 6-2. Lo que necesita es mantener el ritmo alto durante más de dos horas y media, es decir, llevar a Alcaraz a una zona de partido que el español no frecuenta desde abril.
El pronóstico, y qué lo desmiente
Alcaraz parte como claro favorito, y la ventana en la que el favoritismo es más marcado son los dos primeros sets: en ese tramo su servicio y su derecha cierran los intercambios antes de que el ritmo y la muñeca se conviertan en un problema. Si el partido se mantiene por debajo de las dos horas y media, termina en tres sets.
La condición que lo cambia es un cuarto set. Hay que vigilar en el primer parcial el recuento de errores no forzados de derecha de Alcaraz: por encima de diez en un set, el margen se reduce y los 125 juegos en las piernas de Paul pesan menos que su falta de partidos largos.


