Cobolli-Blockx: la tercera ronda se decide en el primer saque del belga

Alexander Blockx tiene un saque que, cuando entra la primera, no se juega. En Cincinnati, hace menos de tres semanas, ese saque no bastó: perdió contra Flavio Cobolli 7-5, 4-6, 7-5 después de haber servido para el partido con 5-3 en el tercer set. Hoy en el Louis Armstrong se repite el mismo partido, y vive en el mismo punto: cuántos primeros saques mete en pista el belga cuando cuenta.
El umbral del saque, y qué pasa por debajo
El belga mide 1,93 y su modelo de saque está construido sobre el riesgo: primera plana a toda velocidad, poca red de seguridad debajo. Cuando el golpe funciona, los turnos de saque duran cuatro puntos. Cuando se atasca, Blockx defiende segunda tras segunda y la diferencia en los intercambios de fondo vuelve a pesar entera.
El torneo de Nueva York ya ha mostrado las dos versiones. Contra Tomás Barrios Vera, primera ronda cerrada 6-3, 6-4, 6-2, el saque aguantó y el partido nunca estuvo en duda. Contra Marco Trungelliti, tres días después, el saque hizo de las suyas y se le escapó un set (6-3, 6-2, 3-6, 6-1) contra un jugador que sobre el papel no debía llevárselo.
Cobolli no necesita agredir la primera bola. Tiene que mantenerse vivo en los juegos en que entra y presentarse en la segunda, donde su resto anticipado dentro de la pista cobra sentido. Al mejor de cinco sets ese plan se paga solo, porque cuanto más dura el partido más segundas llegan.
Qué pasó en el 5-3 del tercero en Cincinnati
Hay un dato de aquel partido que pesa más que cualquier porcentaje medio. Blockx servía para el partido con 5-3 en el tercero y perdió los últimos cuatro juegos. En el momento en que debía cerrar, el saque dejó de sostenerlo, y Cobolli ganó sin cambiar nada de su plan.
Sería cómodo llamarlo un defecto estructural, y sería un error. En abril, en Monte Carlo, Blockx era un clasificado y venció a Cobolli en dos sets después de eliminar a Shapovalov, en una superficie que en teoría premia a quien resta. El 1-1 en los enfrentamientos directos hay que leerlo así: dos días distintos, no dos superficies distintas. Al mejor de cinco sets, sin embargo, el número de veces que Blockx debe cerrar se duplica.
La cuenta de las horas
Cobolli llega a la tercera ronda con nueve sets en las piernas. Cuatro horas y doce minutos en la primera ronda para vencer a Francisco Comesaña 3-6, 2-6, 6-3, 6-4, 6-4, con un problema en el tobillo sufrido en las primeras fases del partido según Ubitennis. Luego otras dos horas y cuarenta y uno contra Tristan Schoolkate, de nuevo remontando un set perdido. Blockx ha jugado siete sets.
Pesa más el arranque lento que el cansancio acumulado. Cobolli ha perdido el primer set en los dos partidos de este torneo. Contra un sacador que puede robar un parcial con quince minutos de gracia, regalar el primer set significa tener que ganar después tres de cuatro contra un rival que está sacando bien.
El pronóstico, y qué lo desmiente
Ligera ventaja para Cobolli, no mucho más. El cuadro dice cabeza de serie número 5 contra cabeza de serie número 28, los modelos de pronóstico tratan el partido como poco más que una moneda al aire, y tienen razón. El italiano gana si el partido se alarga, porque cada set adicional aumenta el número de segundas de Blockx que debe enfrentar y alarga la cuenta de juegos que el belga debe sostener.
La condición que lo cambia todo se mide en directo y no requiere estadísticas. Si Blockx cierra el segundo set sin haber concedido nunca una bola de break, el partido es suyo: en ese punto Cobolli persigue con las casi siete horas de las dos primeras rondas en las piernas. Si en cambio el belga empieza a jugar dos segundas seguidas, las ocasiones para el italiano llegan solas, como en Cincinnati.


