US Open: el vigesimoquinto Grand Slam de Djokovic depende más del clima que del cuadro

Novak Djokovic llega a Flushing Meadows como cabeza de serie número 4, estancado en 24 Grand Slams, con un balance de la temporada de 14-6 y ningún título en 2026. El sorteo le ha dado el camino más sencillo que podía esperar hasta octavos de final. La variable que decide su torneo es otra: hace dos semanas, en Cincinnati, vomitó en pista contra Thiago Agustín Tirante, perdió en segunda ronda 6-2, 4-6, 4-6 y luego explicó que convive desde hace años con una condición de salud que empeora con el calor y la humedad. Nueva York, del 30 de agosto al 13 de septiembre, es el lugar menos adecuado para llevarla.
Pelota extra duty, humedad y el calendario de quince días
La pista dura de Flushing Meadows es Laykold, velocidad media-rápida, bote regular. Regular de verdad: las mediciones del fabricante sitúan la velocidad dentro de medio punto de Court Pace Rating de una pista a otra. Dentro del recinto no hay una pista donde refugiarse, ni una que temer. Desde 2023 hombres y mujeres usan la misma pelota, la Wilson extra duty, la de fieltro más grueso: está construida para resistir la abrasión del cemento, y más fieltro significa más fricción e intercambios más largos. Con la humedad de Nueva York, ese fieltro absorbe agua y la pelota se vuelve aún más pesada. Es lo último que necesita un jugador que debe cerrar los puntos pronto.
El formato le ayuda. La primera ronda se distribuye en tres días (30 de agosto - 1 de septiembre), luego cada ronda hasta cuartos de final ocupa dos jornadas: segunda ronda 2-3 de septiembre, tercera 4-5, octavos de final 6-7, cuartos de final 8-9. Un día completo de recuperación entre un partido y otro para casi todo el recorrido.
Queda la cuestión de los cinco sets, y hay que leerla bien. En semifinales en Melbourne, en enero, Djokovic venció a Sinner en el quinto set anulando 16 puntos de break. A finales de mayo, en Roland Garros, tras ir dos sets arriba contra João Fonseca, perdió 6-4, 6-4, 3-6, 5-7, 5-7 en tercera ronda. Entre esos dos partidos cambian el termómetro y la humedad, no la edad.
Hasta octavos de final, el cuadro le exige poco
En la primera ronda está Mariano Navone, argentino, número 38 en mayo. Su 2026 dice 17-10 en tierra batida, con el título de Bucarest, y 1-5 en pista dura. No es un rival que le imponga intercambios largos en esta superficie.
En pista dura en 2026 Navone ha ganado un partido de cada seis.
En la segunda ronda llega el ganador entre Stan Wawrinka y Matteo Berrettini, emparejados en primera ronda. Wawrinka juega el último Grand Slam de su carrera diez años después de la final que ganó aquí en 2016 a Djokovic por 6-7(1), 6-4, 7-5, 6-3. Ambos son perfiles de puntos cortos: saque, derecha, cierre. Elevan la varianza en el marcador y reducen el desgaste físico, que hoy para Djokovic es el parámetro decisivo.
El primer jugador de primer nivel en su camino es Tomás Martín Etcheverry, cabeza de serie número 27, en tercera ronda. En octavos de final el cuadro propone Brandon Nakashima (16) o Andrey Rublev (23). Nakashima es el nombre incómodo: en enero disputó la final de Brisbane, perdida ante Medvedev 6-2, 7-6(1), y su tenis plano, con resto profundo y muy pocos errores no forzados, produce exactamente el tipo de intercambio de ocho o diez golpes que Djokovic no puede permitirse repetir durante tres horas en condiciones húmedas.
Cuartos de final y semifinal: Medvedev y Alcaraz alargan el partido de dos formas opuestas
En cuartos de final la cabeza de serie es Daniil Medvedev (7), con Frances Tiafoe (11) como alternativa en la misma sección de octavos de final. El historial de enfrentamientos favorece a Djokovic, 10-5, y el último cruce es la final del US Open 2023, ganada 6-3, 7-6(5), 6-3. Pero Medvedev resta desde cuatro o cinco metros detrás de la línea de fondo, y esa posición anula el *serve+1*: el primer servicio no produce el golpe de mando, produce un intercambio neutro. Es un impuesto que se paga en metros recorridos. En 2026 el ruso ganó Brisbane y Dubai y llegó a la final de Indian Wells venciendo a Alcaraz.
En semifinales, según las cabezas de serie, está Carlos Alcaraz, campeón defensor y número 2 tras la baja de Jannik Sinner por la rodilla derecha. El historial de enfrentamientos es 5-5 tras la final del Australian Open, donde el español remontó un set y ganó 2-6, 6-2, 6-3, 7-5 en tres horas y dos minutos. Alcaraz alarga el partido al contrario que Medvedev: dejada, cambio de ritmo, desplazamientos adelante y atrás. Contra alguien que debe racionar el esfuerzo, ese repertorio cuesta más que veinte derechas seguidas.
El pronóstico, y qué lo desmiente
Djokovic es claro favorito hasta octavos de final, donde de todos modos parte por delante contra Nakashima o Rublev. En cuartos de final contra Medvedev, la ventaja se reduce a un margen estrecho, casi todo ligado a la duración. En semifinales contra Alcaraz, con este calendario y este clima, parte como no favorito. El pronóstico razonable es cuartos de final, con una semifinal posible si el programa le asigna sesiones nocturnas en el Ashe en la primera semana. Ganarlo significaría convertirse, a los 39 años, en el campeón de Grand Slam más veterano de la era Open, superando el récord de Ken Rosewall (37 años y 62 días, Australian Open 1972).
Qué desmiente este pronóstico, en ambas direcciones: si supera las primeras tres rondas en tres sets con partidos de menos de dos horas y la primera semana se mantiene fresca, el pronóstico debe subirse a la final, porque nadie en esa mitad del cuadro lo vence en un partido que dura poco. Si en cambio se ve obligado a un quinto set en sesión diurna antes de octavos de final, el torneo termina ahí, sin importar con quién se cruce después.


